A lo largo de los años se ha congregado a campesinos, hombres y mujeres del campo, ejidatarios, tenedores de la tierra, administradores y cooperativos para formar confederaciones, organizaciones, sindicatos y todo tipo de agrupaciones que encaminen su trabajo y canalicen sus esfuerzos. El gobierno siempre ha sido el peso y contrapeso de una balanza que en más de un siglo no ha dado respuestas concretas, ni soluciones definitivas a los problemas que enfrentan y las necesidades que los apremian, la deuda histórica no desaparece con palabras y el reto vigente para el ejido es el de mantener su autonomía y demostrar que la comunidad generada y fomentada por ustedes es efectiva y que pueden tomar en sus manos la responsabilidad de un crecimiento urbano ordenado y la generación de riqueza que de bienestar y dignidad a los pueblos, no queremos ser más motivo de discursos y programas de gobierno, el ejido es y debe seguir siendo guía y ejemplo a seguir. La tierra debe producir, ofrecer, proveer y fomentar, la tierra debe ser motivo de orgullo, no sinónimo de pobreza, la tierra debe ser administrada por ustedes y el reconocimiento de sus necesidades debe ser prioridad de nuestros gobiernos para generar las condiciones necesarias. El ejido de Tequisquiapan cumple 95 años gracias a ustedes, a quienes ya no están, a quienes vendrán mañana y en un futuro, a los hombres y mujeres que cuidan del campo que produce y la tierra que ofrece espacios para vivir; ciudades cada vez más grandes, poblaciones más numerosas, presentes distintos y retos por venir; les pido que año con año sigan demostrando que México no se equivocó cuando heredó a sus hijos la tierra y al futuro su trabajo.